Como datear siendo un adulto, sin morir en el intento?
El bloqueo mental es real. La falta de musa o deseo de volver a hacer algo tan íntimo como sentarse a confesarse en frente del computador es real. Creo que esta ha sido una de las pausas más largas que he tenido desde que tuve la loca idea de empezar a escribir los blogs y tengo una explicación lógica y racional: me dio cringe.
Tuve el pensamiento, razonamiento o epifanía que me gritó a la cara “who the hell do you think you are?”. ¿Qué clase de superioridad moral tengo yo para aconsejar o echar porras a la gente? Y hoy vuelvo aquí, con el rabo entre las patas, simplemente porque es algo que disfruto, y aunque me encanta compartir sentimientos con las 3 personas que me leen, creo que perdí el sentido del blog. Hoy he recordado que este espacio es para mí. Esto empezó como una terapia de algo que necesitaba ser ventilado y volví a sentir el deseo de hacerlo. Me inspiro como siempre en algo que vi, pero también en algo que día a día vivo como adulto socialmente activo y profesionalmente enfocado en el crecimiento lento y constante.
Hoy, siendo viernes, 10 p. m., voy a escribir acerca del mundo de las citas y de la percepción tan loca y distinta que tenemos en diferentes etapas de nuestra vida; de cómo esto se torna cada vez más lógico y menos emocional. ¿Se acuerdan cuando éramos adolescentes y teníamos este crush hormonal, y nos tragábamos locamente de un tipo porque A) era guapo B) olía rico C) charlaba sabroso D) era de nuestro mismo grupo y este constante contacto hacía que desarrolláramos emociones que ni siquiera estaban ahí E) todas las anteriores?
Qué bella etapa, facilísimo era tragarse de alguien y empezar a salir, sin mayor complejo porque estábamos en el mismo momento de la vida, ninguno de los dos tenía un salario, una preocupación, literalmente queríamos saber cuál era el plan del fin de semana o si nos podíamos llamar en la tarde después del cole. Era un amor simple, fácil, hormonal y descomplicado.
Crecemos un poquito más y empezamos a vivir la universidad, y aunque es algo de lo que hablamos muy poco, se empieza a sentir el tema del dinero en las citas. “¿A dónde vamos a salir a rumbear?” “¿Cuánta plata tenemos para ir a comer?” Y aunque es algo que uno balancea con cierta agilidad, aún no es un punto de quiebre, estamos en la etapa de figure it out y es aceptable vivir con los papás, andar en transmi (te amo, Bogotá), salir con 50 mil pesos y ver cómo se cuadra una rumba o un paseo. Un poquito más estresante pero aún manejable.
Y hoy, en medio de los 30, en donde ya estamos en la mitad de la vida y literalmente sentimos que nos deja el tren, con la constante incógnita de si hay casa o no hay casa, hijos o no hijos, ¿cómo se siente la presión social y financiera al momento de elegir una pareja?, y ¿cómo putas filtramos todos estos requisitos que han ido creciendo día a día en este perfil de pareja imaginaria? Ya no basta el deseo hormonal, o los 50 mil para la rumba, ahora pensamos en si esta persona tiene un empleo lo suficientemente estable, si tiene una buena relación con su familia y amigos, en si tiene un plan de retiro, una cuenta de ahorros, en si hace terapia y/o ejercicio, si es compatible con nuestra religión (o con la ausencia de ella, en mi caso). Tener una relación se ha convertido en una mesa de negociación en donde analizamos al otro por lo que nos brinda y nos exponemos a ser vistos como un proyecto con potencial.
A todo esto súmale la suerte de encontrar a alguien con quien realmente sientas conexión, física y emocional, para enamorarte de este proyecto de negocio que es el crear una vida juntos.
¿Por qué en el colegio no le explican a uno todo esto? Siento que ha sido un shock verme inmersa en semejante discusión e inevitablemente ver todos los espejos que me rodean. Entender el porqué relaciones como la de mis padres no funcionaron, o ver con cierta duda la vida amorosa de Mengana y Sutano, ya que ahora el amor simplemente no basta. Un adulto de edad similar a la mía debe haber trabajado constantemente y construido una base para tener algo medianamente decente con lo que “competir” en el mercado de las citas, y cada punto incumplido es una sentencia más a “no lo vas a lograr”. ¡Esto es un fucking aterradorrr!!!!!!!!
Perdón si esta entrada suena fatalista, pero quise entrar en el tema como la realidad tan cruda que vivimos. El amor en pareja acarrea la decisión de trabajar como equipo, y lo que cada uno trae a la mesa para que este equipo tenga calidad de vida.
Con cada experiencia y entre más avanza el tiempo, vamos acumulando requisitos que creemos esenciales para nuestro ONE y esta lista crece y crece tanto que se siente imposible de cumplir. Creo que la tarea es encontrar nuestros no negociables y, aunque suene soñador y romántico, agregar unos cuantos ítems a cómo esta persona te hace sentir.
Maybe el truco está en encontrar un balance entre el negocio y el amor, y balancearse en esa delgada línea para no caer en los extremos. Esto y un poquito de polvo de hada, y pum! aparece el One.
Shout out para Materialist, que reforzó esta idea que ha tomado fuerza en mi cabeza y que hoy les comparto.
Gracias por leerme y espero volver pronto con algun otro tema loco a discutir.
Besos,
Miel con Hiel.
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